lunes, 10 de agosto de 2009

Un mundo ciego, sordo y mudo.

¿Cómo te digo lo que siento? ¿Cómo expreso lo que me haces sentir, lo que me haces pensar, o como me haces reaccionar? Nací sin el don de la palabra, sin el don de la vista, mucho menos del oído para encontrar al amor. No culpo a nadie, ni siquiera a mi. He querido decirte desde ayer, desde hace unos días, meses, o años, lo que me haces sentir, lo bien que me haces ver al mundo en mi. Si escucho tu voz vuelvo a oir; si toco tu mano, puedo ver; y con verte a los ojos me haces hablar. Me haces sentir que puedo volar, que puedo soñar, que no importa lo que haga o en donde este; que no importan los demás si estas aquí.
Si miras alrededor verás que todo esta igual; que con el paso de los años, poco todo cambió. Si ves al frente cuenta te darás, que ahora estoy frente a tus ojos, cambiando tu alrededor. Si estoy en un campo, veo todo igual; el pasto, los ríos. Nada cambió, todo esta igual. Pero cuando te miró a los ojos cuenta me doy, de que nada cambio pero aqui estás tu. No se que vaya a pasar, no se que pueda no pasar. Solo se que estando aqui, tu y yo, no encuentro nada que no me haga feliz.
Si quieres que me marche, dilo y me iré; si quieres que me quede, habla y lo haré. No desprecies a este sordo y ciego mudo, porque encontré que puedo mirar, ver y escuchar a esa persona que esta frente a mi. Y esa persona, no tengo duda de que eres tu.

domingo, 9 de agosto de 2009

Somos seres celestiales.

Me preguntó una nube, Qué ves en ella; su pregunta me consterno de sobremanera, solo el corazón había hecho esa pregunta y cuando le conteste, como cualquier inquisidor en plena guerra, entró en conversación la razón, argumentando que no eran motivos suficientes los cuales me ligaban a ti. La razón comenzaba a dominar la conversación y aquella nube, blanca el inicio, comenzó a tornarse gris y pesada, sollozando tristemente por no darle la respuesta antes de tiempo.

Sin embargo, enmudecí mis oidos y dejé en blanco el pensamiento. La luz a la razón se le había ido, y por más gritos que dio no dejé que hablara. La calle. Y pronto comenzé a escucha rcon claridad al corazón. Aquella nube, entonces, comenzó a volverse blanca y ligera como al inicio, como un algodón flotante en el infinito del cielo. Y contesté:

"Cuando estoy con ella, es razón suficiente que haga salir a la luz lo mejor de mi, los más grandes detalles, lo atento que un hombre debe ser con una dama, lo elocuente, lo sencillo; me hace pensar no necesitar nada más que el aire para vivir, me hace sentir volar entre la tierra y el mar; cuando la veo reir, en el aire se dibujan los colores más cálidos que ni la naturaleza misma puede igualar con tanta iluminación, me siento único, me siento especial. Razón suficiente encuentro en el hecho de ver su sonrisa florecer en su rostro singular, delgado y fino; sus ojos son como espejos en la eternidad que, al mirarlos, te hacen perderte en el mar infinito de la tranquilidad. Si esto no suficiente, dije, Qué mas puede ser"

Aquella nube se esponjo, y el corazón rápido empezó a latir y añadí al final: " Me siento uno, me siento ninguno al mismo tiempo; es quien me hace sentir fuerte y debil al mismo tiempo.". La nube guardo silencio, y suavemente a los cuatro vientos exclamó: "Seres celestiales han de ser, de ahora en adelante, seres celestiales son". Y como relámpago mi menté se abrió, se abrieron mis oidos y la luz regresó; miré alrededor... y ahi estabas Tu.